Hombre con poca motivacion
  • Author:OH Galvan
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La motivación

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Llevo bastante tiempo pensando cómo abordar este tema de la motivación de la mejor manera.

La motivación tiene tantas aristas y tantas formas de manifestarse y administrarse que sería muy pretencioso ambicionar que todo se pueda plasmar en un artículo.

Así que decidí hacer uno que tenga una base simple y sencilla, basado en mi experiencia y en algunas lecturas e información que he hecho a través de los años.

En lo que toca a mi experiencia me quiero remontar a una junta que tuve hace varios años con mi equipo de ventas.

Todo iba normal en la reunión, pero ya se acercaba el fin de mes y desde luego cabía hablar de los resultados hasta entonces y hacer la tradicional forma de presión para garantizar los resultados.

Así que mientras yo les hablaba de las cargas de trabajo y analizábamos el desempeño individual en lo que iba del mes, de pronto fui interrumpido por uno de los asistentes, que en tono de reclamo me dijo:

«Es que tú no nos motivas para trabajar».

Y debo de aceptar que esa pregunta me dejó descolocado en ese momento.

Debería ser suficiente lo que tienes.

Después de esa situación, tuve mucho tiempo en la mente esa cuestión de que si realmente es responsabilidad de un gerente, además de hacer toda la gestión del área, motivar a su gente. 

Para mi hasta entonces, era un hecho, que toda la gente tenemos motivaciones intrínsecas derivadas de nuestras ambiciones, sueños y deseos. Y que desde luego, respondemos en automático hacia ellas.

Me refiero a que el hecho de tener una familia que sostener, o si no es el caso, puede ser una carrera que desarrollar y sueños que cumplir, debería ser la suficiente motivación que cualquier persona necesite.

Al menos yo  así me he manejado durante mi vida. 

Yo no tuve una educación donde me estuvieran diciendo todos los días: «Ánimo tú puedes, échale muchas ganas».

Fuera de un excepcional: «Lo hiciste muy bien» ó «Felicidades por esto, hijo», mis padres no me educaron de esa manera. Y yo siempre me encargaba de decidir por mí mismo, qué cosas hacía y cuáles ahora y cuáles después.

Por lo tanto, que me motiven, no es algo que aprendí a necesitar mucho.

Es cierto que cuando mis padres veían que desperdiciaba mi tiempo, o me excedía en el ocio,  me reprendían, desde luego.

Incluso casi juro que se llegaron a sentar conmigo alguna vez y me hicieron una proyección de a dónde me podía llevar el ocio y la flojera. Lo cual desde luego estaba muy bien elaborado y me hacía tener miedo de un futuro tan sombrío.

Y también nos inculcaron que el no hacer nada todos los días por mejorar, construir o aprender algo, era una forma de desperdiciar la vida en sí.

Y eso, en mi caso, fue lo que bastó para que yo aprenda a motivarme.

Buscar algo o evitar perderlo.

Me dieron esa lección de las dos formas posibles en las que los seres humanos nos movemos a la acción y que funcionó de maravilla cuando me mostraron:

  • Lo que podría lograr si me esfuerzo.
  • Lo que podría perder si no lo hago.

Y creo que desde ahí tomé la motivación como algo que debía surgir del interior de mí mismo y proyectarse hacia mis metas.

Tenía (y todavía tengo) bien claro, que si no me muevo por lo que deseo y anhelo, me tengo que mover para que no suceda lo que temo. Y visceversa.

Pero siempre tengo motivos para esforzarme y dar más de mi.

Yo digo y sé que es muy bonito contar con alguien que te respalde y te dé palabras de aliento y te quiera motivar.

Pero si somos honestos, lo más que puede hacer una persona es recordarte tus motivaciones. No te las puede inyectar.

Realmente todos tenemos cosas por las cuales luchar, trabajar y soñar y no debería ser necesario ni siquiera que nos las recuerden.

Deberían de bastar por sí mismas.

Mas como lo venía planteando al inicio del artículo, pero ya en la práctica no siempre es así.

Durante toda mi trayectoria profesional me he topado una y mil veces con personas que sí necesitan que alguien los motive o les recuerde que tienen un compromiso, que además de las cuentas por pagar y su subsistencia, también tienen propósitos y sueños o al menos un plan de vida básico.

Increíble pero cierto.

Desde luego que también estoy consciente de que hay muchas líneas de pensamiento o tendencias que quieren encasillar esto dentro de algún tipo de depresión o síndrome derivado del estilo de vida actual.

Pero yo quiero insistir en que no es así.

La depresión es un tema enorme, pero eso es cosa aparte de lo que estoy hablando.

Obviamente ni debo, ni quiero, ni voy a profundizar en eso, ya que por un lado no es la ciencia médica mi campo de especialización y además porque este artículo no va encaminado a justificar la falta de motivación con algún trastorno o sintomatología.

Ese sería un camino muy fácil.

Esto es otra cosa diferente y tiene que ver con una parte de la educación del carácter o bien con una mezcla entre la personalidad y los condicionamientos a los que estuvo expuesta la persona durante su proceso de crecimiento. 

Así que volviendo a esa junta que mencioné antes, en la que después de esa declaración del vendedor, donde me reclama no haberlos motivado, mi respuesta (que no fué una disculpa) les indicó que yo aceptaba implícitamente que era parte de mi función motivarlos.

Y lamento mucho no haber sabido responder asertivamente en esa ocasión. Debí ser más tajante y ponerlo en su lugar, pero como ya dije. En ese momento no supe bien cómo tomar eso.

Por lo que algunos días después, nuevamente durante la reunión de ventas, saqué de nuevo el tema y comencé por preguntarles (en una especie de dinámica a las cuales yo sometía muy seguido a mis equipos), si cada uno de ellos tenía presente las cosas que los motivaban en la vida.

Y personalizando la respuesta a cada uno, les preguntaba: ¿Qué es lo que te importa más? ¿Por qué trabajas? ¿Por quién trabajas? ¿Te gusta lo que haces?

Y desde luego: ¿Cuáles son tus sueños, ambiciones, aspiraciones y demás? 

Y después de un rato de estar en esta dinámica y ponerlos a pensar en esas cosas, desde luego que encaminé la reunión hacia ese rincón donde les preguntas si acaso todo eso que te acaban de enlistar, no es motivo suficiente para esforzarse en dar los resultados y conseguir sus objetivos en el trabajo.

Con la respuesta afirmativa asegurada, y la totalidad del grupo inmerso en esta reflexión, fue como pude reivindicarme del agravio de no haber sido certero en mi última respuesta a la inoportuna intervención de aquel vendedor que me quiso hacer responsable de su motivación.

Con esto pudieron ver todos, que motivos para esforzarse les sobraban a cada uno de ellos, pero que es muy fácil perder el rumbo. Y sobre todo caer en una de la más peligrosas actitudes en la vida, que es responsabilizar a otros de lo que no nos funciona.

Un gerente de ventas no tiene como obligación principal motivar a su gente, pero sin embargo poder hacerlo es una gran virtud y hacerlo es algo digno de admiración. Pues no todos los gerentes poseen esa habilidad.

Los que suelen hacerlo bien, le traen grandes beneficios a la organización y desde luego a el equipo.

La gente ya tiene todas las razones para trabajar con ahínco y tesón.

Realmente nadie necesita que alguien se lo recuerde o lo presione para rendir los resultados en su trabajo. Pero aún así, lo esperan de un líder.

Así que si conoces a alguien, o tú mismo en este momento estuvieras atorado en una situación donde hacer lo que normalmente haces (me refiero al trabajo), no te motiva, no te hace feliz, no le ves sentido, o de plano te está pesando.

Tienes dos caminos: 

  • Haces una lista de todas esas cosas que te pesan, contra todas aquellas cosas que anhelas, quieres, sueñas con lograr. Y si lado a lado las cosas que quieres pesan más que lo que haces para lograrlas, pues te ubicas y te encaminas tú solo, para hacer de eso la suficiente motivación y la única que necesitas para seguir trabajando por tus ideales.
  • O tajantemente muévete a hacer algo que en efecto te llene, te motive y te entusiasme lo suficiente como para seguir luchando y trabajando en ello.

Pero no te quedes estacionado en esa resignada pasividad. Te hace mucho daño no sentir logro ni propósito durante un tiempo prolongado.

Si no sientes una motivación, aunque sea modesta por lo que estás haciendo hoy, entonces algo no está bien en tu esquema de vida actual y hay que hacer algo al respecto.

Y no se trata de ser el número uno en todos lados donde te pares. Tampoco hay que llegar a los absurdos. Ni sería posible para empezar, ni sería sano.

Pero intentarlo no hace ningún daño. Saldrás del trabajo o de casa con una sonrisa en tu cara, y créeme: ¡Eso será más que suficiente!

Puedes pensar que al decirlo es porque yo pienso que es muy fácil y que nada más es cosa de ponerle voluntad a la cosa y todo va a suceder.

Y no. Yo lo digo, en primera porque yo lo hago y me funciona. Pero desde luego que no digo que sea fácil ni tampoco que sea rápido.

Pero ponte a pensar que si te quedas expuesto a esos niveles de insatisfacción y frustración durante más tiempo del razonable. ¿Cuál será el efecto a largo plazo en tu vida?

Aún si a pesar de eso logras cumplir varias de tus metas u objetivos.

Yo he conocido a un montón de personas que han logrado muchas cosas, pero cuando te hablan de eso lo hablan con amargura, con tristeza, con resentimientos. Y lo más triste: sin ganas de lograr o hacer nada más.

¿Será fácil hacerlo?

Cambiar de ocupación o conseguir un empleo más a tu gusto y conveniencia, desde luego que no es algo sencillo y menos en esta época donde estamos tratando de transitar a través de una pandemia y superarla.

Donde la economía probablemente experimente problemas en el inmediato futuro y un poco más allá.

Pero no es algo que no puedas hacer y no es algo que yo en algún momento te vaya aconsejar que no hagas. Si lo piensas bien, estás casi que obligado moralmente a hacer eso por tí.

Sólo te quiero decir que si tú no lo inicias no va a suceder. Ya es tiempo de pasar de «admirar a los que lo hacen», a hacerlo tú.

Aquí ya tengo algunos artículos que hablan sobre cambiar tu vida, y otros sobre el poder para crear en nuestra vida .

Además en breve colocaré algunos más que espero que te sean muy útiles para empezar a generar un cambio que te ponga exactamente en el punto donde tú quieres estar. Y que te lleve a donde quieres llegar de la manera como lo quieras hacer.

Sólo escribí esto para que sepas de primera mano que es perfectamente posible y que no hay ninguna buena razón que me puedas dar para quedarte en una situación que no te gusta o que no te llena y que aunque te permitiera lograr tus objetivos, te haga ser miserable e infeliz en el proceso.

Revisa muy bien en tu interior y comprende por favor que nadie a tu alrededor, ni en tu familia, ni en tu trabajo, tiene ni la obligación y desde luego ni siquiera el poder de motivarte.

Si todo lo que tienes a tu alrededor no alcanza para llenarte de ganas de vivir, de trabajar, de destacarte y de hacer las cosas que se requieren, entonces no tienes ninguna esperanza de éxito en lo inmediato. 

La vida no tiene que ser simplemente «como es». Cada uno de nosotros es responsable de cada una de sus experiencias.

Sinceramente te digo que todo el que tiene una vida maravillosa sólo es porque primero pensó que tiene una vida maravillosa y eso a su vez le ha dado en consecuencia esa vida maravillosa.

Pero esta misma lógica, tal cual la acabo de describir, le aplica igual a todo aquel que piensa que tiene una vida insatisfactoria y triste. Empata perfectamente con su pasado, le envuelve todo su presente y tristemente le determina su futuro.

Unos tips.

De momento el tip más rápido que puedo darte para motivarte instantáneamente es tomar una conciencia real y extensiva de todo lo que tienes. No hablo de palabrería vacía, sino que en serio lo hagas. Piensa sólamente en todo lo que tienes.

Empieza en este instante, terminando este artículo. Empieza a pensar y tómate unos minutos para ello.

Incluye todo aquello que tienes y que valoras. Descarta tajantemente si te viene un pensamiento sobre algo que no tienes, y continua enlistando cosas. ¡Verás que no son pocas!

Puede que te cueste un poco de trabajo al principio, pero hazlo en serio.

Hazlo y verás que aunque primero sea difícil hacer una lista de al menos cuatro o cinco cosas, de pronto empezarán a brotar más y más y quizá te falte más papel.

Sólo 5 minutos y luego déjalo si quieres. Si no tengo razón, al menos son los minutos que sonreirás y te sentirás afortunado por un ratito y habrás perdido sólo cinco minutos. Tú ganas al final.

Pero si tengo razón, verás un camino que puede ser el inicio de un cambio radical en tu vida. Así que como verás, en cualquier caso sales ganando.

Ahora que si le tomas el gusto a la sonrisa de abundancia que lograste con este ejercicio, el siguiente tip sería que te propongas cumplir al menos de 1 a 2 horas sin quejarte de absolutamente nada. 

Si tienes muy arraigado este hábito, probablemente te cueste algo de esfuerzo.

Lo primero que va a pasar, es que durante esas primeras dos horas ni siquiera te des cuenta de cada vez que te llega un pensamiento negativo, de inconformidad o de queja.

Así que por lo pronto estaría muy bien si al menos ya empiezas a notarlos.

Ya una vez que los identifiques verás que se vuelven más tímidos esos pensamientos, pues ya se sienten descubiertos.

Por lo que si te empieza a gustar esto, te sugiero que después eleves el ejercicio a 4, luego a 8, luego a 12 y luego a 24 horas sin quejarte.

Ya después de lograr algo así, no necesitas más consejos ni tips, pues habrás empezado algo que tú mismo verás dar futos y por tu propia cuenta sabrás qué hacer en adelante.

Ya quiero ver que lo intentes. Ojalá te tomes el tiempo y veas como esto puede cambiar radicalmente la calidad de tu vida.

Gracias por leer esto y espero pronto retomar este tema y ver cómo tu vida mejora poco a poco o mucho a mucho.