Mujer arreglando su outfit al espejo
  • Author:OH Galvan
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En lo que se nos va la vida

Photo by Heather Sorenson from FreeImages

No hace mucho tiempo, en una de esas tardes de fin de semana, me instalé en el sofá de la sala a eso de las 9:00 de la mañana.

De ahí me levanté hasta pasadas las 8:00 de la noche y después de eso, me invadió un sentimiento mezclado entre vacío y culpa.

De pronto me hice muy seriamente la pregunta: ¿En qué se me va la vida?

Aclaro que no tiene nada de malo decidir tener un día completo y total de ocio.

El problema es que no era esa mi intención. Sino que después de desayunar me recosté en el sillón, con esa actitud de reposar un rato.

Tomé mi celular y empecé a ver una y otra cosa, luego prendí la televisión que está enfrente y la miré por largo rato, luego volví al celular.

Y hasta que no me avisó que la batería estaba por agotarse, fué que decidí terminar con mi «reposo».

Pero cuando ví la hora y tomé conciencia que eran más de 11 horas divagando, me invadió esa sensación incómoda de que acabas de perder el tiempo sin saber en qué.

Y a mí en lo personal me molesta sentir que no hice nada de beneficio, que perdí mucho tiempo del día y ya nada mas me quedaba aspirar a cenar algo para luego irme a descansar.

— ¿Descansar de qué? 

— La verdad no lo sé. Pero sí es verdad que además de no haber hecho nada, me sentía muy cansado.

Yo podía confortarme diciendo que tuve una semana muy pesada en el trabajo y que realmente quería descansar, o algo así como que “ya me lo merecía”, y que así se me calme la sensación de culpa, pero lo cierto es que cuando ya eres consciente de las cosas, decirte mentiras se vuelve un poco más complicado.

Además no escribo esto para ser condescendiente y normalizar ese tipo de conductas justificándolas con cansancio acumulado.

La gente que gusta de pensar mejor las cosas, sabe que hay un problema más de fondo y que vale la pena abundar en esto.

Por algo he escrito sobre cambiar nuestras vidas y por algo me comprometí a tratar eso en este blog.

El punto de todo esto es que ese suceso, que no era el primero en mi vida de ese tipo, desde luego, me llevó a una reflexión que hoy quiero compartir aquí contigo.

¿En qué se nos va la vida?

Según un estudio del US Bureau of labor statistics la forma en que una persona normal, con empleo y vida estándar, ocupa el tiempo de su día es la siguiente:  

Actividades vitales indispensables Tiempo promedio (horas)
Cuidado personal (incluye dormir) 9.19
Comidas 1.16
Actividades propias cuidado de la casa 1.43
Atención a otros miembros de la casa 0.51
Atención a no-miembros de la casa 0.14
Compras (abasto y bienes) 0.68
Trabajo y sus actividades relacionadas 6.27
Horas totales actividades esenciales 19.38
Fuente: https://www.bls.gov/charts/american-time-use/activity-by-emp.htm
Actividades complementarias Tiempo promedio (horas)
Ocio y deportes 4.01
Actividades cívicas, religiosas, en organizaciones 0.21
Actividades educativas 0.08
Llamadas, correos, mensajes, comunicación 0.10
Otras actividades no clasificadas 0.22
Horas totales actividades complementarias 4.62
Fuente: https://www.bls.gov/charts/american-time-use/activity-by-emp.htm

Como apreciamos, la primera tabla contiene las actividades básicas del vivir, tanto en casa como en el trabajo y la segunda todas aquellas adicionales para nuestro balance en la vida.

Dicho de otra forma, tenemos en promedio un poco más de 4 horas y media para nuestras actividades más personales.

Y lo que aquí empieza a llamar la atención es que cada uno de nosotros debe reconocer si está o no, realmente involucrado en todos los tipos de actividades que describe la segunda tabla.

Además de que quizá algunas actividades de la tabla 1 tampoco las realicemos o nos lleven tiempos diferentes a nosotros.

Hay que recordar que es una encuesta y esos son datos promedio.

Mi punto es, que en realidad puede ser que tengamos de entre 4 y 6 horas disponibles para nosotros mismos y que a pesar de eso tengamos una sensación de que no tenemos tiempo libre.

Normalmente si lo tenemos. Y normalmente lo desperdiciamos.

¿Cómo que lo desperdiciamos?

Como mencioné anteriormente; después de mi desmesurada jornada de ocio de aquel fin de semana y toda la culpa y malestar que conllevó, estuve reflexionando mucho sobre las razones.

Y por la obvia secuencia de las cosas puse mi atención en mi celular. Yo intuía que alguna parte de la explicación recaía en el aparato. Y así fué.

La encuesta que cité anteriormente no tocaba este punto, así que yo quise ir más a fondo, pues de verdad sentía que algo de la relación con mi teléfono celular incidió en que yo hiciera eso, que al menos para mí fue completamente inaceptable.

Así que encontré una forma de medir mi uso del celular mediante una aplicación, la cual me arrojó datos sorprendentes de mí mismo.

La sorpresa fue que a unos días de usar esta aplicación veía que los informes que arrojaba de mi tiempo en pantalla, nunca eran menores a 3 horas por día. Pero a veces llegaba a 4 horas o un poco más de «tiempo de pantalla».

Debo aclarar que normalmente no soy un usuario intensivo del teléfono, sino que acudo a él normalmente con causas justificadas y por el trabajo, investigación, información, lectura y desde luego que tengo un par de juegos que disfruto mucho y a los que puede ser que les dedique un rato cada día.

Lo cual, puesto en perspectiva y calculando que lo uso también durante el tiempo de trabajo y para fines productivos, me ponga a mi en un rango de uso «recreacional» de mi teléfono del orden de 1.5 a 2 horas diarias. O sea la mitad del tiempo.

También tengo el hábito de revisar los encabezados de noticias, luego ya dentro de una, esa me liga a otra, luego esa a otra más y otra y otra.

Cuando me doy cuenta llevo media hora o más entre noticias aleatorias.

Así es como yo me pierdo en el celular.

Y cada quien tendrá su forma de extraviarse. Pero el fin es no hacerlo.

Antes, hace no mucho tiempo solía leer las noticias en un periódico impreso. Pero el periódico una vez que lo terminaba, lo doblaba y lo dejaba a un lado y listo.

Igual con un programa de televisión o película. tenía un horario de inicio determinado y además yo siempre sabía la hora que era y a la hora que terminaría, así que era pacífico y tranquilo verlos.

Ahora las noticias, películas, series, videos, podcasts, y todo el contenido que podemos accesar con nuestros aparatos son una especie de espiral infinita, sin tiempos, horarios o límites.

Y las redes sociales son un punto y aparte, pues ahí con interacción, el acceso a actualizaciones de los demás y la naturaleza bidireccional de la información, el tiempo se vuelve realmente algo subjetivo.

Y todo esto para nada es malo; es una expresión de nuestro desarrollo, pero debemos saber manejarlo.

Y teniendo mi atención en eso, un día le dije a mi hijo que me compartiera sus estadísticas de uso del celular. Yo sé que su teléfono tiene esa función integrada, así que se lo solicité.

Él como siempre amable y gustoso me envió los datos y la verdad me sorprendió lo que vi. Me sorprendí de una forma que me es difícil describir.

Porque me mandó una captura de pantalla de su teléfono que contabilizaba cerca de las 50 horas por semana. O sea que poco más de 7 horas diarias.

Un adolescente como él duerme al menos 10 horas, es decir que está despierto 14 horas al día. Luego entonces la mitad de su tiempo la pasa viendo su móvil.

Y sobra decir que hablé con él y pusimos manos a la obra para moderar eso, ya que en mi opinión no se le debe de prohibir o limitar ese acceso y servicio, pero si es nuestro deber vigilarlos y orientarlos.

Tratar de limitarlos, prohibírselos o censurarlos puede resultar contraproducente. Yo prefiero saber todo lo que hace mi hijo en su celular siete horas que ignorar todo lo que hace en una.

En fin, quiero volver al tema de cómo se nos va la vida, y me refiero al tiempo que tenemos para nosotros y no sabemos como aprovecharlo.

Los temas que menciona la tabla dos, como actividades de deporte, cultura, ocio y socialización son extremadamente importantes para mantenernos sanos y equilibrados.

Pero sin darnos cuenta y de a poco las pantallas de nuestros dispositivos han ido ocupando ese espacio.

Y claramente se ve que llegaron para quedarse. Ya son parte de nuestra vida. Así que hay que aprender a vivir con ellas.

Son maravillosas para informarse, entretenerse, comunicarse y también muy buenas para aislarse y evadirse. Así que el camino es educarnos nosotros para su mejor uso y aprovechamiento.

El ocio productivo, la convivencia personal, y la socialización activa son partes esenciales de lo que nos hace humanos. Es lo que debemos cuidar.

Chatear con alguien o verlo en una videollamada no es convivir. A lo mucho es comunicarse.

Mandar un email a alguien, solo es informar. Así como seguir a alguien en una red social no los hace amigos ni constituye una relación.

Darle un click al ícono de «me gusta» no compite con una palmada en la espalda de apoyo a tu amigo ni mucho menos con un abrazo mientras le dices: ¡Felicidades por tu logro!

Y seamos aún mas honestos. ¿De verdad crees posible que alguien tenga más de 100, 200 o incluso 300 buenos amigos?

Eso es lo que no hay que perder de vista.

Para un ciudadano promedio, según las tablas de arriba y sin contar el uso para su trabajo, de una a dos horas en su celular son perfectamente normales.

Los nuevos celulares son aparatos increíbles, que pueden hacer nuestras vidas mejores y a nosotros mas útiles y productivos. Con inteligencia y nuestra voluntad siempre han de estar a nuestro favor. De lo contrario pueden volverse un gran perjuicio.

Para un adolescente como mi hijo, de esta generación digital, y aún no en etapa laboral, un tope del 25% de su tiempo disponible en su celular debería ser más que suficiente, y solo cuando está de vacaciones en casa.

Y una vez entrando a horario escolar, su tiempo de uso debería asemejarse más a la gente con rutina laboral.

Luego hablaré de este tema, respecto a orientar a la juventud en esto. Porque resulta evidente que hay que empezar por dominarlo en nosotros para después poder ayudar a otros en su administración.

Por ahora te dejo aquí la reflexión y espero haberte ayudado a un poco más de conciencia sobre el tema.

Que tengas un magnífico día.